Crear apasionadamente
Me preguntas qué es crear. Y yo no quiero responderte con una definición de manual. No puedo. Porque para mí, crear nunca ha sido un concepto, sino una temperatura. Un ardor en el pecho que ilumina, mueve, provoca, a veces quema y a veces, simplemente, te mantiene viva cuando todo alrededor se enfría.
Hay una frase que me acompaña desde hace tiempo, casi como un mantra silencioso: “Crear no es sólo hacer arte. Es una forma de resistir al adormecimiento.” Y creo que ahí está el núcleo de todo. En esa resistencia.
El mundo, con su prisa, sus exigencias de productividad y sus moldes, nos empuja constantemente a una especie de sonambulismo. A movernos en piloto automático, a sentir con sordina, a existir sin estar realmente presentes. Por eso, para mí, crear es el acto deliberado de despertar. De negarse a ese letargo. Para estar presentes, para sentir y conectar.
A ese impulso, a esa necesidad que no pide permiso, la llamo furor creantis.
¿Qué es exactamente el Furor Creantis?
No te confundas con la palabra. No es la furia que destruye, la rabia ciega que arrasa con todo. Es otra cosa. Es luz y movimiento. Es pasión y presencia. Es el furor del fuego que transforma la materia, la chispa que enciende, el motor que arranca desde lo más profundo.Para estar y conectar. Para sentipensar en conexión.
Es la pasión que empuja a dar forma a lo que todavía no existe, pero que ya pulsa dentro de ti, esperando un cuerpo, una escena, una palabra para manifestarse. En esencia, es un fuego que nombra, que alumbra, que da a luz. Que te permite estar en el mundo, dejarte ver, para ocupar tu lugar. Un tiempo espacio que te pertenece, que te mereces. Sin más. Sin esfuerzos para ganarlo. Es tuyo.
He visto esa luz en los ojos de muchas personas en mis clases: de teatro, de didáctica, de biodanza, de oratoria. La he visto nacer en un gesto tímido que de pronto se vuelve valiente, en una voz que tiembla al decir una verdad por primera vez, en un cuerpo que se atreve a moverse fuera del compás que le habían enseñado. Y sé que ese fuego no es un privilegio de los artistas. Es un derecho de nacimiento de todo ser humano. Es la fuerza de la vida misma abriéndose paso.
El Mapa sin Jerarquías: Crear como un Rizoma
Durante años, me peleé con las estructuras. Con la idea de que para crear había que seguir un método lineal, un paso A que te lleva a un paso B y luego a un C. Sentía que esa forma de trabajar asfixiaba algo esencial. Era como intentar que un río fluyera en línea recta. Imposible.
La vida no funciona así. El deseo no funciona así. El dolor no funciona así. ¿Por qué iba a funcionar así la creación? Una clase de teatro necesita entender esto.
Entonces encontré una idea que le puso nombre a lo que yo sentía en el cuerpo: el rizoma. A diferencia de un árbol, con su tronco central y sus ramas jerárquicas, un rizoma es un tallo subterráneo que crece en cualquier dirección. No tiene centro, ni principio, ni fin. Cualquier punto puede conectarse con cualquier otro. Es un sistema vivo, orgánico, anárquico y profundamente inteligente. No es el todo vale, vale si nutre. Entonces, si suma, entra en el curso de teatro.
Nodos de Energía en el Proceso Creativo
Así es como entiendo el proceso creador: no como una pirámide, sino como una red expansiva. En mis cursos de teatro, no hay un camino único. Hay «estaciones», como a mí me gusta llamarlas. Nodos de energía.
En una clase de teatro podemos explorar desde el método, el juego, el teatro físico más puro, sintiendo el peso de los huesos o la levedad del aire. Otro, podemos sumergirnos en la improvisación, en ese salto al vacío donde solo existe la escucha del presente. O quizás nos encontremos con la creación colectiva, donde la historia no pertenece a nadie y pertenece a todos.
Estos nodos —el método, el teatro físico, la dramaturgia y postdramaturgia, la performance, la palabra— no son técnicas rígidas. Son combustibles. Son puntos de fuga. Son lugares desde los que se puede partir y a los que se puede volver, permitiendo que el proceso respire.
Abrir la «diáspora de las ideas» de cabeza, cuerpo, alma.. Permitir que cada parte tome un hilo y lo lleve en su propia dirección. Y luego, cuando esos caminos vuelven a cruzarse, enriquecen el territorio común de una forma imprevista. El furor creantis es el motor de ese flujo, el dinamismo incesante que nos impulsa a seguir explorando.
Mi Cuerpo, Este Escenario
Mi propia historia está escrita en este lenguaje. No puedo separar a la Patricia actriz, de la mentora, de la grupalista, de la directora, de la pedagoga, de la mujer que soy. Todo es parte del mismo tejido.
El giro en mi camino ocurrió cuando empecé a entender el cuerpo no como una herramienta, sino como un lugar de aparición. El primer territorio. Y la escena, entonces, dejó de ser un espectáculo para convertirse en un espacio de verdad. Un lugar donde el fuego del que te hablo podía, por fin, hacerse forma visible. Encender el fuego en un curso de teatro, en la preparación de un texto, para hacer brillar la escena.
Crear, desde ahí, se convirtió en un acto de recuperación. De recordar quién era yo más allá del personaje que había aprendido a sostener. Escribir, moverme, actuar, decir… desde ese lugar, dejó de ser arte para convertirse en necesidad. En mi forma de estar viva. En un acto de libertad que exige una entrega total y comprometida.
Compartir: El Espejo que Enciende
Y en este camino, nunca estuve sola. Aquí es donde el pensamiento de Pichón Riviere se me hizo carne. Él entendió que no nos transformamos en el vacío, sino en el lazo con los otros.
Los cursos de teatro son un espacio, un grupo. Y el grupo es el primer escenario. Un remanso de posibilidad. Es un espacio de un cuidado y una ferocidad inmensos, donde se pone en juego todo: el miedo, la vergüenza, el deseo, el impulso, la piel. Y también lo son los espacios donde trabajar en el una a una las mentorías y clases individuales.
Lo que ocurre en ese espacio, cuando se sostiene con verdadera presencia, es pura magia. El grupo no corrige ni juzga. El grupo sostiene, potencia, enciende. Cuando una persona se atreve a estar presente con su fragilidad y encuentra en la mirada del otro un eco, un «a mí también me pasa», algo se desbloquea. Grupo o equipo, tú yo, estamos. Una chispa salta y se convierte en hoguera. Y la vulnerabilidad en potencia.
Jugar para Existir, No para Entretener
Winnicott, ese pediatra y psicoanalista maravilloso, decía que el espacio de juego es el lugar donde el verdadero yo puede aparecer. Y para él, jugar no es distraerse: es el acto creativo por excelencia.
El furor creantis ocurre exactamente ahí, en ese espacio intermedio entre la realidad interna y el mundo externo. Entre el dolor que siento y el personaje que creo para darle voz.
Crear no es «hacer algo bonito». Es jugarse la piel. Es una entrega total, en el sentido más literal. Requiere un estar presente de forma radical, una implicación apasionada y a la vez apasionante. Cuando alguien en un taller deja de preocuparse por «hacerlo bien» y simplemente está, algo se ilumina. Está dejando de actuar para empezar a existir de verdad. Y en ese instante, está alumbrando. Se está alumbrando a sí mismo.
Crear: La Más Sutil y Poderosa Forma de Resistencia
Vivimos en una cultura que nos atomiza y nos exige ser productivos, eficientes, correctos. Se nos domestica el deseo, se nos enseña a reprimir lo que no encaja.
Por eso, hoy más que nunca, crear desde el furor creantis es un acto de resistencia.
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- Es subvertr los mandatos de producción y rendimiento.
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- Es trasnformar los modos impuestos de expresión.
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- Es resistir a la domesticación de nuestro deseo más genuino.
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- Es desafiar a la exigencia de ser «correcta» y no desentonar.
Encender la voz propia, aunque tiemble, es un acto político. Mover el cuerpo con libertad es un acto político. Nombrar la incomodidad es un acto político. No hablo de panfletos, sino de una resistencia comprometida y apasionada: la de humanizarnos.
Una Invitación al Fuego, a la Luz
Este texto no es un manifiesto. Es una confesión. Es el mapa de mi territorio, y quizás, si algo de esto resuena en ti, también pueda ser el tuyo.
No te voy a decir «descubre tu potencial» ni «libera tu creatividad». Ese es el lenguaje del mercado. Yo te hablo de otra cosa. Te hablo de un fuego, de una luz, de un motor que probablemente ya conoces. De estar ahí con, en , entre.
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- Quizás lo sientes como una inquietud sorda, un «algo falta» que no sabes nombrar.
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- A lo mejor aparece como una emoción que te desborda y no encuentra cauce.
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- Puede ser es una historia que te ronda por dentro, pidiendo ser contada.
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- Tal vez es simplemente un anhelo profundo de sentirte más real, más presente en tu propia vida.
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- Incluso puede suceder que escuchas as algo de ti que aún no tiene voz, o no sabes cómo dársela.
Si algo dentro de ti arde, aunque sea apenas una brasa tibia, esa es la señal. La pregunta no es si eres creativa. La pregunta es si te atreves a sentir ese fuego, a entregarte a ese dinamismo. Si sientes que ya es la hora de dejar de justificar porqué no puedes ser tú.
¿Te gustaría llevar esa luz al cuerpo, a la palabra, a la escena? No se trata de montar un espactáculo, si no miles. De estar a disposición para crear y compartir. Ya veremos qué. Seguramente serán muchas creaciones, en diferentes espacios, a diversos ritmos. Intervenciones de calle, pitch, scktechs, piezas de teatro o stand up comedy, impro, teatro espontáneo, puestas en escena de vivencias y producciones.
Quizás ya estés ardiendo. O deseosa de hacerlo. De iluminar creando. De mover haciendo.
Lo más importante que he aprendido en todos estos años es esto: no estás sola.
Te espero